Camino con los ojos inertes, viendo cómo los asfaltos transcurren a una velocidad que no es la mía, que no es la mía ni la de los asfaltos. Camino así, y no me doy cuenta. Y prefiero dejarme llevar por el resto de mis sentidos, ver con el olfato, por ejemplo, pero no levantar la vista, porque lo mismo la volvería al suelo, al ripio y a los charcos. Y seguiría eligiendo el aquí, mi ciudad desvanecida, hasta que nos extingamos juntos.
2 comentarios:
Me hiciste recordar a mis caminatas. Un beso. Magda
sin un rumbo aparente, un sábado cualquiera me maravillo con tus versos.
con tu permiso, te seguiré de cerca.
Un abrazo
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