Un hombre vestido de inmaculado yeso, rezó por su tristeza. Rogó, quizás, por el olvido de su nombre; por una poesía inocua; por una taza de té. Miró al cielo y encogiendo los hombros, se deshizo de su ropaje, ya maltrecho, para así caminar inmutable hacia el silencio de las palabras...
viernes, 22 de octubre de 2010
Hábító
Merci Beaucoup
desde ahora casi siempre
contemplo tus clandestinas murallas
mientras una manta se asienta en tu espalda
como cada día cuando el alba relampaguea
recordándome tus ojos extremos que se precipitan hacia mí
y dentro de ellos una alborada tenue
logro condensar a su alrededor
esas luces que desbordan mi mirar
faroles verdes intensos que se colapsan
sobre el pavimento de tu gracia
desde la sonrisa de tus multitudes
hacia la alineación de tus cabellos rebeldes
esperando oír tu voz
empapando mis pies con tu insigne presencia
observo cada marca que hay en tu piel iluminada
cercando espíritus banales de indiferencia
cómo un monumento se inclina desde tu frente
creo poder entender algo
pero tu voz
confusa siempre
redundante abundante
cielos y mares
crepúsculos sin ton ni son
y tu risa
fresca siempre
tan suave
tu calle principal
te contemplo te despueblo
dejando un retrato de tu cuerpo esbelto
en mi mente
sin decirte nada
en silencio
seguirás siendo sempiterna
viernes, 29 de mayo de 2009
Descarne
formando un extenso lago sin espuma.
Como cuando una nube quieta
mira la lluvia en que se transforma.
Como los ojos desorbitados de Icaro
que en la caída quieren mirar al sol.
Como una primavera sin colores
en el año del inmutable Otoño.
Como una gran hoguera de ruiseñores
que ya no emulan a Mozart.
Como un gran circo de payasos tristes
en las horas de la niñez.
Como una pachamama embebida de asfalto
que no ve raíces.
Como estos banales versos
que no pueden decir nada.
Así habré de imaginarlo,
así tal vez ha de sentirse,
como también estará en otras formas:
el pavor y la inolvidable y sangrante historia.

El vuelo del halcón
de la muerte y del recuerdo
se empeñan en resguardar
las armas y los conventos
que pintaron sobre el rojo
de los túneles y los lamentos.
Será por este desdén
o por los tormentos pasajeros
en que sujeto mis muñecas
buscando una tenue pulsión
que me demuestre
aquello en lo que creo.
Será mañana el momento
más sutil, más sincero,
donde arranque del dolor
un solo destello eterno
que me arranque
de este gélido infierno.
Y de mis labios mal nacidos
se oirá la infinitez del mar,
el clamor de los cuerpos.
Recorreré tu lejana patria,
rodeado de ojos muertos
y por las caras de tu victoria.
Te cederé mi espalda
para la base de tu altar.
Mis brazos, tus cetros.
Mis ojos, tus medallas
que hagan lucir tu pecho.
Más te daré, si me lo pides.
Solo por esta oscuridad.
Por tu vejación y tu saña.
Cantaré tu grandeza,
tu hombría, tu belleza.
Juro, entonces,
por tus dioses y por tu patria,
que mi cuerpo es lo que tu quieras.
Mis dientes y mis banderas
arderán en las grises llamas.
Y juro, también juro,
que apagarás mi alma.
Y de mis labios bastardos
saldrá toda mi sangre amarga.
Pero nunca tendrás de mí,
te juro,
oh mi Dios verdugo,
ni una sola palabra.
viernes, 3 de octubre de 2008
Grito en espera
eterna y tensa cuerda insondable,
lazo entre los mundos dorados
y las siluetas informes
que buscan un techo,
al fin se corte, se desmorone
en un brusco trance
efímero, quizás endeble,
pero real.
Ante miles de testigos
hábilmente indiferentes.
Ante volcanes de furia,
de miedo y de culpa.
De leyes demagogas
y brazos hambrientos.
Esperaba que al menos
el equilibrista se estreche
para abrazarse al suelo
atestado de muertos y perdedores
y mezclarse con ellos,
conocer sus primaveras secas
y los espacios cerrados
donde no encuentra salida
la agonía del tiempo
que suplica venganza,
tal vez solo justicia...
solo un poco de agua fresca
un peso más leve en la cruz
un suplicio no tan amargo
una gota de la ambrosía de los dioses
un grito sublime que calle
los graves tormentos morales
que corte la cuerda
si ya no tolera
el infame equilibrio
si ya no resiste
esta aún impune espera.
Noventa y cinco
debajo del brillo
de una lumbrera
y montes de humo
y ventanas en llamas
una niña juega
con las enfermeras
debajo un lago
negro como el cielo
y algunas piezas
de arquitectura
prestada
rubios jinetes
avanzan en fila
cantando hazañas
la Historia
un insulto vehemente
acalla
el silencio
al costado, el pasto
se seca y crece
junto al templo.
Y tú cruzas
despacio
entre el pueblo y el humo
entre la niña y el pasto
te regalo un tiempo
las flores de Bosnia
que tanto
y tan poco te importan.
***
... .está ausente
y hará
... .su presencia
. .en el momento que te encuentre...
(Lo Fatal Es No Saber En Que Momento Terminará Esa Ausencia)
viernes, 15 de agosto de 2008
Después de todo
el último bastión del hado.
Dejó un sinsabor sincero,
una columna de flores.
Tanteando el silencio
mandó las últimas cartas,
mordió aquellos labios que morían en sus dedos.
Y respiró un halo de sombras.
No vi su caída aún.
Se me negó acercarme
a su cuerpo
a sus noches
Sí vi las tinieblas que impusieron sus escombros.
Cayó su torre de jacinto
Cayó su milagro añorado
Aunque el último dejo de arrogancia
aún viva
en mi pasado.
Recuerdos
***
Conductas obsesivas
la esencia de la pasión apaciguable
incrementa el lucero de la propia experiencia
con la indecencia de la ciénaga de sospecha,
inconcebible por la realeza de tu prudencia
e inexplicable por la ausencia de tu rareza...
Dr. Jekill y Mr. Hyde
¿Y qué hacer? Las leyes que nos rigen en este absurdo que desconoce si se encuentra dentro del caos o si por gracia divina se halla en un laberinto perdido entre el tiempo y la distancia. ¿Dejaremos que lo racional mate al hombre?
No, en lo absoluto, no en nuestra esencia eterna que nos convulsiona las extremidades y nos tira la razón más allá de todo alcance humano, dejando a las mentes en un jaque humillante y sin esperanzas racionales.
¡Bendito sea! Ojalá dejemos que nuestro saber se convierta en instinto, donde el hombre de conocimiento es aquel que siente y no el que simplemente piensa. Ojalá perdamos la forma humana para volver a ser lo que alguna vez, tal vez, olvidamos por pensar.
Sí, ser esa idea, esa pulsión que arremete, que aplasta, que cruza blasfemando e insultando a las altas torres de la razón, de su tiranía, y su muerte por una tangente infinita que nos hará olvidar al viejo humano que no recuerda ser Alfa y que desconoce ser el nuevo Omega.